El ictus aterotrombótico es uno de los tipos más comunes de accidente cerebrovascular isquémico. Se produce cuando una arteria que suministra sangre al cerebro se estrecha o se obstruye debido a la acumulación progresiva de placas de aterosclerosis, lo que reduce o bloquea el flujo sanguíneo hacia una determinada región cerebral.
Este tipo de ictus suele desarrollarse sobre una enfermedad arterial que ha evolucionado durante años sin causar síntomas evidentes. Por ello, conocer sus factores de riesgo y aprender a reconocer sus manifestaciones resulta fundamental para prevenir complicaciones y actuar con rapidez.
¿Qué es un ictus aterotrombótico?

Un ictus aterotrombótico es un accidente cerebrovascular isquémico causado por la formación de un trombo sobre una placa de aterosclerosis localizada en una arteria que irriga el cerebro o en una arteria de gran calibre, como la carótida.
Las placas ateroscleróticas están formadas por colesterol, grasas, células inflamatorias y tejido fibroso. Con el paso del tiempo pueden crecer hasta estrechar considerablemente el interior del vaso sanguíneo. Si una de estas placas se rompe, puede formarse un coágulo que bloquee parcial o totalmente la circulación.
Cuando el tejido cerebral deja de recibir oxígeno durante varios minutos, las neuronas comienzan a lesionarse y aparecen los síntomas del ictus.
¿Cómo se desarrolla?
La aterosclerosis suele comenzar muchos años antes del primer episodio clínico.
El proceso generalmente sigue estas etapas:
- Acumulación de colesterol en la pared arterial.
- Formación progresiva de placas de ateroma.
- Estrechamiento de la arteria.
- Rotura de la placa.
- Formación de un trombo.
- Obstrucción del flujo sanguíneo hacia el cerebro.
En algunos casos, pequeños fragmentos del trombo pueden desprenderse y viajar hacia arterias cerebrales más pequeñas, provocando la obstrucción de vasos distales.
¿Qué arterias suelen afectarse?
Las localizaciones más frecuentes son:
- Arterias carótidas.
- Arterias vertebrales.
- Arteria basilar.
- Grandes arterias intracraneales.
La arteria afectada determinará las funciones neurológicas que resulten comprometidas.
Factores de riesgo
La mayoría de los factores de riesgo son modificables.
Entre los principales se encuentran:
- Hipertensión arterial.
- Colesterol elevado.
- Diabetes mellitus.
- Tabaquismo.
- Obesidad.
- Sedentarismo.
- Alimentación rica en grasas saturadas.
- Enfermedad cardiovascular.
- Edad avanzada.
- Antecedentes familiares de enfermedad vascular.
El control adecuado de estos factores reduce significativamente el riesgo de sufrir un ictus.
Síntomas del ictus aterotrombótico
Los síntomas aparecen de forma repentina y dependen de la región cerebral afectada.
Los más frecuentes incluyen:
- Debilidad o parálisis de un lado del cuerpo.
- Dificultad para hablar o comprender el lenguaje.
- Pérdida de sensibilidad en la cara, el brazo o la pierna.
- Alteraciones de la visión.
- Mareo acompañado de pérdida del equilibrio.
- Dificultad para caminar.
- Confusión repentina.
En algunos pacientes, los síntomas pueden aparecer de forma progresiva durante varias horas, especialmente cuando la obstrucción arterial aumenta de manera gradual.
Ataques isquémicos transitorios
Antes de un ictus aterotrombótico pueden aparecer uno o varios ataques isquémicos transitorios (AIT).
Estos episodios producen síntomas similares a los de un ictus, pero desaparecen completamente en menos de 24 horas, generalmente en pocos minutos.
Un AIT constituye una señal de alarma importante y requiere valoración médica urgente, ya que aumenta el riesgo de sufrir un ictus definitivo en los días o semanas siguientes.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico combina la evaluación clínica con diferentes pruebas de imagen y estudios vasculares.
Las pruebas más utilizadas son:
- Tomografía computarizada (TAC).
- Resonancia magnética (RM).
- Angio-TAC.
- Angiorresonancia.
- Ecografía Doppler de las arterias carótidas.
- Electrocardiograma.
- Ecocardiograma.
- Análisis de sangre.
El estudio de las arterias resulta especialmente importante para identificar placas ateroscleróticas significativas y valorar el grado de estrechamiento.
Tratamiento
El tratamiento depende del momento en que el paciente llega al hospital, de la localización de la obstrucción y de las características clínicas.
Durante la fase aguda, el objetivo es restaurar el flujo sanguíneo cuando sea posible y limitar el daño cerebral.
Posteriormente, el tratamiento suele centrarse en prevenir nuevos episodios mediante el control de los factores de riesgo y la utilización de tratamientos indicados por el especialista.
En algunos pacientes con un estrechamiento importante de la arteria carótida puede valorarse un procedimiento para mejorar el flujo sanguíneo y reducir el riesgo de nuevos ictus.
Prevención

La prevención constituye el aspecto más importante en este tipo de ictus, ya que la aterosclerosis suele desarrollarse lentamente durante años.
Las medidas preventivas incluyen:
- Controlar la presión arterial.
- Mantener niveles adecuados de colesterol.
- Controlar la diabetes.
- Dejar de fumar.
- Realizar ejercicio físico con regularidad.
- Mantener un peso saludable.
- Seguir una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y pescado.
- Acudir a revisiones médicas periódicas.
Estas medidas no solo reducen el riesgo de ictus, sino también de infarto de miocardio y otras enfermedades cardiovasculares.
¿Cuál es el pronóstico?
El pronóstico depende principalmente de la extensión del daño cerebral, la rapidez del tratamiento y la prevención de nuevos eventos.
Muchas personas logran recuperar una parte importante de su autonomía gracias a un tratamiento precoz y a un programa de rehabilitación adaptado a sus necesidades. Sin embargo, otras pueden presentar secuelas motoras, cognitivas o del lenguaje que requieren seguimiento a largo plazo.
Conclusión
El ictus aterotrombótico es uno de los accidentes cerebrovasculares isquémicos más frecuentes y se origina por la obstrucción de una arteria afectada por aterosclerosis. Su aparición suele ser el resultado de un proceso vascular que evoluciona durante años, por lo que el control de los factores de riesgo desempeña un papel esencial en la prevención. Reconocer los síntomas de forma temprana, recibir atención médica urgente y seguir un programa de rehabilitación adecuado son aspectos fundamentales para mejorar el pronóstico y reducir el riesgo de recurrencias.
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