La oclusión de la arteria basilar es uno de los tipos más graves de accidente cerebrovascular isquémico. Se produce cuando la arteria basilar, uno de los principales vasos sanguíneos del sistema vertebrobasilar, queda bloqueada parcial o completamente, impidiendo el flujo de sangre hacia estructuras fundamentales del cerebro.
Aunque representa un pequeño porcentaje de todos los ictus, la oclusión de la arteria basilar constituye una verdadera urgencia médica debido al alto riesgo de discapacidad grave y mortalidad si no se trata de forma inmediata.
¿Qué es la arteria basilar?
La arteria basilar se forma por la unión de las dos arterias vertebrales en la base del cráneo. Desde allí asciende por la superficie del tronco encefálico y da origen a numerosas ramas que irrigan diferentes estructuras cerebrales.
Finalmente, la arteria basilar se divide en las dos arterias cerebrales posteriores, completando parte de la circulación posterior del cerebro.
¿Qué estructuras irriga?

La arteria basilar suministra sangre a regiones esenciales para el funcionamiento del organismo, entre ellas:
- Tronco encefálico.
- Protuberancia (puente).
- Mesencéfalo.
- Cerebelo.
- Tálamo (a través de algunas ramas).
- Lóbulos occipitales mediante las arterias cerebrales posteriores.
Estas estructuras controlan funciones tan importantes como la respiración, el estado de conciencia, el equilibrio, la coordinación, la visión y numerosos movimientos automáticos.
¿Qué es una oclusión de la arteria basilar?
La oclusión de la arteria basilar ocurre cuando un coágulo de sangre bloquea completamente o de forma importante el paso de sangre por este vaso.
Como consecuencia, las estructuras irrigadas dejan de recibir oxígeno y nutrientes, iniciándose un proceso de daño cerebral que puede progresar rápidamente si no se restablece el flujo sanguíneo.
Principales causas
Las causas más frecuentes incluyen:
- Trombosis sobre placas de aterosclerosis.
- Embolias procedentes del corazón.
- Fibrilación auricular.
- Disección de las arterias vertebrales.
- Trastornos de la coagulación.
- Hipertensión arterial.
- Diabetes mellitus.
- Colesterol elevado.
- Tabaquismo.
En algunos pacientes no es posible identificar una causa concreta tras el estudio médico.
Síntomas de la oclusión de la arteria basilar
Las manifestaciones clínicas pueden variar dependiendo del grado de obstrucción y de las estructuras afectadas.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Mareo intenso.
- Vértigo de aparición brusca.
- Pérdida del equilibrio.
- Dificultad para caminar.
- Visión doble.
- Pérdida de visión.
- Dificultad para hablar.
- Dificultad para tragar.
- Debilidad en brazos y piernas.
- Entumecimiento facial o corporal.
- Náuseas y vómitos.
- Alteración del nivel de conciencia.
- Somnolencia intensa.
Cuando la obstrucción es completa, los síntomas suelen evolucionar rápidamente y pueden poner en peligro la vida del paciente.
El síndrome de cautiverio (Locked-in syndrome)
Una de las complicaciones más conocidas de la oclusión de la arteria basilar es el síndrome de cautiverio.
En esta situación, la persona permanece consciente, pero pierde casi por completo la capacidad para mover el cuerpo y hablar debido al daño en el tronco encefálico.
En muchos casos únicamente conserva los movimientos verticales de los ojos y el parpadeo, que se convierten en el único medio de comunicación.
Aunque es una complicación poco frecuente, ilustra la gravedad que puede alcanzar este tipo de ictus.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico requiere una valoración neurológica urgente y pruebas de imagen.
Las principales incluyen:
- Tomografía computarizada (TC).
- Resonancia magnética (RM).
- Angio-TC.
- Angio-RM.
- Angiografía cerebral.
- Estudios cardíacos cuando se sospecha un origen embólico.
La identificación precoz de la oclusión permite valorar tratamientos destinados a restablecer el flujo sanguíneo.
Tratamiento
La rapidez del tratamiento es uno de los factores más importantes para mejorar el pronóstico.
Las opciones terapéuticas pueden incluir:
- Trombólisis intravenosa en pacientes seleccionados.
- Trombectomía mecánica para extraer el coágulo.
- Control de la presión arterial.
- Tratamiento de las complicaciones.
- Cuidados intensivos cuando son necesarios.
En los últimos años, la trombectomía mecánica ha ampliado las posibilidades de tratamiento en determinados pacientes con oclusión de la arteria basilar.
Posibles secuelas
Las secuelas dependerán del tiempo de isquemia y de la extensión del daño cerebral.
Entre las más habituales destacan:
- Problemas de equilibrio.
- Alteraciones de la coordinación.
- Dificultad para caminar.
- Trastornos visuales.
- Debilidad muscular.
- Dificultad para hablar.
- Alteraciones para tragar.
- Fatiga persistente.
- Déficits cognitivos.
- Dependencia para las actividades de la vida diaria.
La gravedad puede variar desde síntomas leves hasta una discapacidad importante.
Rehabilitación

La recuperación requiere un programa multidisciplinar adaptado a cada paciente.
Puede incluir:
- Fisioterapia.
- Terapia ocupacional.
- Logopedia.
- Rehabilitación vestibular.
- Neuropsicología.
- Apoyo psicológico.
La intensidad de la rehabilitación dependerá de las secuelas presentes y de la evolución clínica.
Pronóstico
El pronóstico de la oclusión de la arteria basilar depende principalmente de:
- La rapidez del diagnóstico.
- El tiempo hasta restablecer el flujo sanguíneo.
- La extensión del infarto cerebral.
- La edad del paciente.
- Las enfermedades asociadas.
Los avances en las técnicas de reperfusión han mejorado el pronóstico de muchos pacientes, especialmente cuando el tratamiento se inicia en las primeras horas.
Conclusión
La oclusión de la arteria basilar es una de las emergencias neurológicas más graves debido a que compromete el flujo sanguíneo hacia estructuras esenciales del cerebro, como el tronco encefálico y el cerebelo. Sus síntomas pueden evolucionar rápidamente y requieren atención médica inmediata para aumentar las posibilidades de recuperación.
El diagnóstico precoz, los tratamientos de reperfusión cuando están indicados y una rehabilitación especializada son fundamentales para mejorar el pronóstico y favorecer la recuperación funcional de las personas que sobreviven a este tipo de accidente cerebrovascular.
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