La pérdida de sensibilidad después de un ACV es una de las secuelas que pueden aparecer tras un accidente cerebrovascular. Aunque muchas personas asocian un ACV únicamente con la pérdida de fuerza o la dificultad para hablar, las alteraciones de la sensibilidad también son frecuentes y pueden afectar significativamente la vida diaria.
La disminución o ausencia de sensibilidad puede presentarse en una mano, un brazo, una pierna, el rostro o incluso en todo un lado del cuerpo. En algunos casos aparece de forma inmediata tras el ACV, mientras que en otros se hace más evidente durante el proceso de recuperación.
¿Por qué se pierde la sensibilidad después de un ACV?
La sensibilidad depende de una compleja red de nervios y áreas cerebrales encargadas de recibir e interpretar la información procedente del cuerpo.
Cuando un accidente cerebrovascular afecta estas regiones, las señales relacionadas con el tacto, la presión, la temperatura o el dolor pueden dejar de procesarse correctamente. Como consecuencia, la persona puede notar una disminución de la sensibilidad o una percepción diferente de las sensaciones habituales.
La localización del ACV influye directamente en el tipo de alteración sensitiva que puede aparecer.
¿Qué tipo de sensibilidad puede verse afectada?

La pérdida de sensibilidad no siempre se manifiesta de la misma manera. Algunas personas describen un ligero adormecimiento, mientras que otras apenas perciben el contacto sobre la piel.
Entre las alteraciones más frecuentes se encuentran:
- Disminución del tacto.
- Sensación de entumecimiento.
- Menor percepción de la temperatura.
- Dificultad para identificar la posición de una extremidad sin mirarla.
- Alteración de la percepción del dolor.
- Sensación de que una parte del cuerpo está «dormida».
En ocasiones, la pérdida de sensibilidad puede coexistir con sensaciones anormales como hormigueo, pinchazos o quemazón.
¿Qué partes del cuerpo suelen verse afectadas?
La alteración puede aparecer prácticamente en cualquier zona del cuerpo, aunque es más frecuente que afecte al lado contrario del cerebro donde ocurrió el ACV.
Las áreas más habituales son:
- Mano y dedos.
- Brazo.
- Pierna.
- Pie.
- Cara.
- Labios.
La extensión de la pérdida de sensibilidad depende del tamaño y la localización de la lesión cerebral.
¿Cómo puede afectar a las actividades diarias?
La sensibilidad desempeña un papel fundamental en prácticamente todos los movimientos que realizamos.
Cuando disminuye, acciones tan sencillas como sujetar un vaso, escribir, caminar o abotonarse una camisa pueden resultar más difíciles porque el cerebro recibe menos información sobre la posición y el contacto de las extremidades.
Algunas personas necesitan mirar constantemente la mano mientras realizan una tarea para compensar la falta de información sensitiva.
También puede resultar más complicado identificar objetos únicamente mediante el tacto o percibir cambios de temperatura al tocar una superficie.
¿La pérdida de sensibilidad siempre es permanente?
No necesariamente.
Durante los primeros meses tras un accidente cerebrovascular, el sistema nervioso experimenta un importante proceso de reorganización. Gracias a la neuroplasticidad, algunas personas recuperan parte o incluso gran parte de la sensibilidad perdida.
En otras ocasiones, la recuperación es parcial y persisten determinadas alteraciones sensitivas a largo plazo.
La evolución depende de factores como la gravedad del ACV, la región cerebral afectada y la respuesta individual del organismo.
¿Puede recuperarse la sensibilidad con el tiempo?
Sí, es posible que se produzcan cambios a medida que avanza la recuperación.
En algunos pacientes, la sensibilidad mejora de forma gradual durante los primeros meses. En otros, la recuperación continúa de manera más lenta incluso después de un año del accidente cerebrovascular.
No todas las personas recuperan el mismo grado de sensibilidad, ya que cada proceso de recuperación es diferente.
¿Existe relación entre la pérdida de sensibilidad y la debilidad muscular?
Aunque pueden aparecer juntas, no son exactamente la misma alteración.
La debilidad muscular afecta a la capacidad para mover una parte del cuerpo, mientras que la pérdida de sensibilidad altera la forma en que el cerebro percibe los estímulos.
Es posible presentar una disminución importante de la sensibilidad conservando parte de la fuerza, o experimentar debilidad muscular con una sensibilidad prácticamente normal.
Sin embargo, ambas secuelas pueden coexistir cuando el ACV afecta regiones cerebrales implicadas tanto en el movimiento como en la percepción sensitiva.

Otras alteraciones de la sensibilidad
No todas las personas experimentan una pérdida completa de la sensibilidad. Algunas desarrollan cambios en la forma de percibir los estímulos.
Entre las alteraciones que pueden aparecer se encuentran:
- Hormigueo persistente.
- Sensación de frío o calor sin causa aparente.
- Pinchazos.
- Ardor o quemazón.
- Mayor sensibilidad al contacto.
- Sensaciones difíciles de describir.
Estas manifestaciones también forman parte de las posibles secuelas sensitivas de un accidente cerebrovascular.
Conclusión
La pérdida de sensibilidad después de un ACV es una secuela frecuente que puede afectar al tacto, la temperatura, el dolor o la percepción de la posición del cuerpo. Su intensidad y evolución dependen de la localización del accidente cerebrovascular y de la respuesta individual de cada paciente. Aunque la recuperación varía de una persona a otra, comprender cómo se produce esta alteración permite entender mejor una de las consecuencias menos visibles, pero más habituales, de un ACV.
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