La arteria cerebral posterior (ACP) es uno de los principales vasos sanguíneos encargados de irrigar la parte posterior del cerebro. Aunque los ictus que afectan a esta arteria son menos frecuentes que los que comprometen la arteria cerebral media, pueden producir alteraciones importantes de la visión, la memoria y otras funciones neurológicas.
Conocer el papel de la arteria cerebral posterior y los síntomas asociados a su lesión puede facilitar el reconocimiento precoz de un accidente cerebrovascular y favorecer una atención médica rápida.
¿Qué es la arteria cerebral posterior?

La arteria cerebral posterior es una de las ramas terminales de la arteria basilar, perteneciente al sistema vertebrobasilar. Tras su origen, rodea el mesencéfalo y se divide en múltiples ramas que irrigan diversas estructuras del cerebro.
Su territorio vascular se localiza principalmente en la región posterior de los hemisferios cerebrales.
¿Qué zonas irriga?
La arteria cerebral posterior suministra sangre a diferentes áreas fundamentales del sistema nervioso, entre ellas:
- Lóbulo occipital.
- Cara inferior del lóbulo temporal.
- Tálamo (a través de algunas ramas).
- Mesencéfalo.
- Hipocampo.
- Corteza visual primaria.
- Parte del esplenio del cuerpo calloso.
Estas estructuras participan en funciones relacionadas con la visión, la memoria y el procesamiento de la información sensorial.
Funciones de la arteria cerebral posterior
Gracias al aporte sanguíneo de la arteria cerebral posterior, el cerebro puede realizar funciones esenciales como:
- Procesar la información visual.
- Reconocer colores y formas.
- Interpretar imágenes.
- Participar en la formación de recuerdos.
- Integrar información visual con otras funciones cognitivas.
- Mantener el funcionamiento de determinadas estructuras profundas del cerebro.
Cuando se interrumpe el flujo sanguíneo en esta arteria, estas funciones pueden verse afectadas de forma parcial o completa.
¿Qué ocurre cuando se obstruye?
Una obstrucción de la arteria cerebral posterior reduce el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido cerebral.
Si la circulación no se restablece rápidamente, las neuronas comienzan a lesionarse, pudiendo producir un infarto cerebral en el territorio irrigado por esta arteria.
La gravedad dependerá de:
- La localización de la obstrucción.
- El tamaño del vaso afectado.
- El tiempo transcurrido hasta recibir tratamiento.
- La existencia de circulación colateral.
Síntomas de un ictus en la arteria cerebral posterior
Las manifestaciones clínicas suelen diferir de las observadas en otros tipos de ictus.
Entre los síntomas más frecuentes destacan:
- Pérdida parcial del campo visual.
- Visión borrosa.
- Ceguera en un lado del campo visual (hemianopsia homónima).
- Dificultad para reconocer objetos.
- Problemas para identificar rostros.
- Alteraciones de la memoria.
- Confusión.
- Mareo.
- Dolor de cabeza.
- Entumecimiento o debilidad cuando también se afectan estructuras profundas.
En algunos pacientes la fuerza muscular permanece prácticamente normal, por lo que el diagnóstico puede retrasarse si predominan los síntomas visuales.
Alteraciones visuales
La afectación de la corteza visual es una de las características más típicas de los ictus de la arteria cerebral posterior.
Dependiendo de la zona lesionada pueden aparecer:
- Hemianopsia homónima.
- Cuadrantanopsias.
- Dificultad para leer.
- Alteraciones en la percepción del movimiento.
- Problemas para distinguir colores.
- Agnosias visuales.
Estas alteraciones pueden interferir significativamente con actividades como conducir, leer o desplazarse con seguridad.
Alteraciones de la memoria
Cuando el ictus afecta al lóbulo temporal medial o al hipocampo, pueden desarrollarse problemas relacionados con la memoria.
Algunas personas presentan:
- Dificultad para recordar acontecimientos recientes.
- Problemas para aprender información nueva.
- Desorientación temporal.
- Dificultad para localizar lugares conocidos.
La intensidad de estos síntomas depende de la extensión de la lesión.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se basa en la exploración neurológica y en diferentes pruebas de imagen.
Las principales incluyen:
- Tomografía computarizada (TC).
- Resonancia magnética (RM).
- Angio-TC.
- Angio-RM.
- Estudios vasculares.
- Evaluación oftalmológica cuando predominan los síntomas visuales.
Estas pruebas permiten identificar el vaso afectado y valorar la extensión del daño cerebral.
Tratamiento
El tratamiento dependerá del tipo de ictus y del tiempo de evolución.
Las principales opciones terapéuticas incluyen:
- Trombólisis intravenosa en pacientes seleccionados.
- Trombectomía mecánica cuando está indicada.
- Control de la presión arterial.
- Prevención de complicaciones.
- Tratamiento de los factores de riesgo cardiovascular.
La rapidez del tratamiento puede reducir considerablemente la extensión del daño cerebral.
Posibles secuelas
Las secuelas son muy variables según la región afectada.
Entre las más frecuentes se encuentran:
- Déficits visuales permanentes.
- Problemas de memoria.
- Dificultad para orientarse.
- Alteraciones cognitivas.
- Fatiga.
- Trastornos del equilibrio.
- Dolor neuropático en algunos casos.
- Limitaciones para actividades cotidianas.
Muchas personas requieren adaptar su entorno para compensar las alteraciones visuales persistentes.
Rehabilitación
La rehabilitación desempeña un papel fundamental en la recuperación funcional.
Dependiendo de las necesidades del paciente, puede incluir:
- Rehabilitación visual.
- Fisioterapia.
- Terapia ocupacional.
- Neuropsicología.
- Entrenamiento cognitivo.
- Logopedia cuando existen alteraciones asociadas.
- Apoyo psicológico.
La plasticidad cerebral permite que otras áreas del cerebro compensen parcialmente algunas funciones perdidas, especialmente cuando la rehabilitación comienza de forma temprana.
Prevención

La prevención de los ictus que afectan a la arteria cerebral posterior es similar a la de otros accidentes cerebrovasculares.
Las principales recomendaciones son:
- Controlar la hipertensión arterial.
- Mantener niveles adecuados de colesterol.
- Controlar la diabetes.
- Evitar el tabaquismo.
- Practicar ejercicio físico regularmente.
- Seguir una alimentación equilibrada.
- Tratar enfermedades cardíacas como la fibrilación auricular.
- Cumplir correctamente los tratamientos prescritos.
Conclusión
La arteria cerebral posterior es una estructura fundamental para el funcionamiento del cerebro, ya que irriga regiones responsables de la visión, la memoria y diversas funciones cognitivas. Un ictus en este territorio suele manifestarse con alteraciones visuales características, aunque también puede afectar la memoria y otras capacidades neurológicas.
Reconocer estos síntomas y buscar atención médica urgente permite aumentar las posibilidades de recibir un tratamiento precoz y limitar el daño cerebral. Posteriormente, una rehabilitación individualizada puede contribuir a recuperar funciones y mejorar la calidad de vida del paciente.
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