El infarto de la arteria cerebral media es el tipo de ictus isquémico más frecuente. Se produce cuando esta importante arteria se obstruye, interrumpiendo el flujo de sangre hacia una amplia región del cerebro. Dependiendo de la extensión del infarto y de la rapidez con la que se inicie el tratamiento, las consecuencias pueden variar desde síntomas leves hasta discapacidades importantes.
Reconocer los signos de alarma y recibir atención médica inmediata es fundamental para reducir el daño cerebral y mejorar las posibilidades de recuperación.
¿Qué es un infarto de la arteria cerebral media?

La arteria cerebral media (ACM) es una de las principales arterias que irrigan el cerebro. Nace de la arteria carótida interna y suministra sangre a gran parte de los lóbulos frontal, temporal y parietal, además de estructuras profundas como la cápsula interna y los ganglios basales.
Cuando un coágulo bloquea esta arteria, las células cerebrales dejan de recibir oxígeno y nutrientes. En pocos minutos comienza el daño neuronal, dando lugar a un infarto de la arteria cerebral media.
Al tratarse de la arteria cerebral que irriga la mayor parte del hemisferio cerebral, su obstrucción suele producir síntomas muy evidentes.
¿Cuáles son las causas?
Las causas más habituales incluyen:
- Trombosis por aterosclerosis.
- Embolia procedente del corazón.
- Fibrilación auricular.
- Enfermedad de las arterias carótidas.
- Trastornos de la coagulación.
- Disección arterial, especialmente en personas jóvenes.
- Hipertensión arterial.
- Diabetes mellitus.
- Colesterol elevado.
- Tabaquismo.
La embolia de origen cardíaco constituye una de las causas más frecuentes de oclusión de la arteria cerebral media.
Síntomas del infarto de la arteria cerebral media
Los síntomas aparecen de forma brusca y dependen del hemisferio cerebral afectado.
Los más frecuentes son:
- Debilidad o parálisis de la cara, brazo y pierna del mismo lado.
- Pérdida de sensibilidad.
- Dificultad para hablar o comprender el lenguaje (si afecta al hemisferio dominante).
- Alteraciones del lenguaje.
- Desviación de la mirada.
- Pérdida parcial del campo visual.
- Dificultad para coordinar movimientos.
- Confusión.
- Alteración del nivel de conciencia en los infartos extensos.
Cuando el hemisferio derecho resulta afectado pueden aparecer problemas de atención espacial o negligencia del lado izquierdo del cuerpo.
¿Cómo se diagnostica?
Ante la sospecha de un ictus, el diagnóstico debe realizarse de forma urgente.
Las pruebas más utilizadas incluyen:
- Tomografía computarizada (TC).
- Resonancia magnética cerebral.
- Angio-TC o angio-RM.
- Doppler de las arterias carótidas.
- Electrocardiograma.
- Ecocardiograma.
- Análisis de sangre.
Estas pruebas permiten confirmar el diagnóstico, identificar la arteria obstruida y determinar el tratamiento más adecuado.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento consiste en restablecer el flujo sanguíneo lo antes posible para limitar el daño cerebral.
Dependiendo del caso, pueden emplearse:
- Trombólisis intravenosa.
- Trombectomía mecánica.
- Control de la presión arterial y de la glucosa.
- Medicación antiagregante o anticoagulante cuando está indicada.
- Cuidados en una unidad especializada de ictus.
Cuanto menor sea el tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y el tratamiento, mayores serán las probabilidades de recuperación.
Rehabilitación

Una vez superada la fase aguda, comienza el proceso de rehabilitación, que puede prolongarse durante semanas o meses.
El tratamiento rehabilitador suele incluir:
- Fisioterapia para recuperar fuerza y movilidad.
- Terapia ocupacional para mejorar la independencia.
- Logopedia para tratar las alteraciones del habla y la deglución.
- Rehabilitación cognitiva cuando existen problemas de memoria o atención.
- Apoyo psicológico para el paciente y su familia.
La intensidad y duración de la rehabilitación dependerán de la gravedad del infarto y de las secuelas presentes.
Posibles secuelas
Las secuelas pueden ser temporales o permanentes e incluyen:
- Hemiparesia o hemiplejia.
- Dificultad para caminar.
- Trastornos del lenguaje.
- Problemas de memoria y concentración.
- Alteraciones visuales.
- Espasticidad.
- Dificultades para realizar actividades cotidianas.
No todos los pacientes presentan las mismas limitaciones, ya que la evolución depende de múltiples factores.
Conclusión
El infarto de la arteria cerebral media representa el tipo de ictus isquémico más frecuente y puede afectar de forma importante al movimiento, el lenguaje, la sensibilidad y otras funciones cerebrales. La identificación precoz de los síntomas, el tratamiento urgente y un programa de rehabilitación individualizado son factores esenciales para mejorar el pronóstico y favorecer la recuperación funcional del paciente.
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